Fibromialgia y Neuroconducción

La medicina, como toda práctica, está repleta de frases y dichos que a manera de expresión en paradoja al saber, intentan generar sabiduría y emiten una advertencia para el ejercicio de la profesión. Y en este caso reza: “No existen las enfermedades, existen los enfermos”. Y pronunciada desde luego, sin perjuicio de la solemnidad que requiere, estudiar las enfermedades con el rigor científico que observa. Desde su etiología o causa hasta lo histórico de las medidas para tratarlas.

Pero lo denso de la frase perfora más allá del texto. Pone al ser humano que estudia las enfermedades de cara al otro ser humano, el que las padece y le advierte que cada cuerpo y cada individuo será en su padecer un tanto parecido al dibujado por el pesado tratado, pero en gran medida un reto único, pues lo inequívoco del término individuo es que prohibe negar su singularidad. Cada persona es única en su padecer.

Cuando en notas anteriores nos dedicamos a explicar muy a modo didáctico los desplazamientos económicos de sustancias neurotransmisoras en el cerebro y nos referimos a la Serotonina y Adrenalina, fue también intentando dibujar un organigrama en que el cerebro y sus alarmas, actúan no solamente como el gestor de cambios de tensión en la musculatura y la intensidad del sistema cardiovascular, sino sobre todo, un eficiente receptor y analista de toda la información que le reporta cada rincón del cuerpo. Es decir que el síntoma dolor de cuerpo, puede ser mirado desde el órgano que reporta el dolor y también desde la central que lo interpreta y pronto le requiere encontrar razón.

Asistimos con frecuencia a personas que esperan angustiadas la confirmación de exámenes médicos que salen negativos y con ello la incertidumbre, por la presencia de algún síntoma les parece más incómodo. Mientras, en el otro extremos de la práctica, muchas personas de manera rutinaria llevan a cabo tratamientos, en los que el diagnóstico parece un accesorio decorativo. Aspirinas, vitaminas, anti-inflamatorios, antiácidos y tabletas para los nervios, funcionan igual de bien y para lo que sirven. Es decir, que al cuerpo le parece bien restablecer y aliviar lo que padece. Ya luego el científico, se deberá aplicar a estudiar lo que mejor funcione y para ese fin servirá el diagnóstico. Hacer más denso el sentido común y curar lo que duela.

Ante este panorama, sostener distancia posible entre mente y cuerpo es idéntico a querer hablar de orina sin mencionar los riñones, hablar sobre algo, sin reconocer que en ese algo está involucrado un individuo, que funciona en un órgano y no sin él. Una relación que expone directamente; a que sufrir un cambio en las alarmas con que funciona y por tanto modificaciones en su balance psicoactivo, puedan manifestar de manera primaria y en su amplio territorio de jurisdicción, es decir, cualquier parte del cuerpo. Y al mismo tiempo, recibir de cada rincón el malestar resultado de sus tensiones. En síntesis, a la fibromialgia le sigue el mismo camino que a otras enfermedades de la medicina como el colon irritable y la cefalea tensional, poder ser enunciadas y tratadas de manera efectiva porque tratar es lo importante. Incluso y sobre todo, para el verdadero protagonista de la experiencia y sus balances psicoactivos, el cerebro humano.

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