Mi psicoactividad de mí

Un café, mate, té; el horario de ingerir calorías, fumar nicotina y su asociación con cada momento del día, la cantidad de soda diaria, también las infusiones tranquilizantes, los sedantes “naturales” e innumerables otros hábitos, no tienen otro fin que utilizar herramientas del entorno para modificar, en mi favor, mi estado mental, mi energía, mi concentración y facilitarme alerta o relajación según la requiera.

Tengo entonces la necesidad de estar alerta y enfocado, ágil con la memoria y dispuesto a concentrarme el mismo día que preciso justamente sentirme aliviado y en calma, con la tranquilidad suficiente para tolerar lo áspero de la realidad y conciliar luego un sueño inmaculado y reparador. A los felinos no parece resultarles difícil, pero para las personas no es necesariamente así, los gatos ya podían ver de noche y nosotros tuvimos que generar luz eléctrica.

No encontrar satisfacción ni producción en moverse entre estos estados, puede generar la percepción de pérdida de control propio, de debilidad y falta de orden, y el uso de algún remedio o cualquier sustancia química, el enorme miedo a perder la libertad personal y volverse esclavo de algo fuera de mi cuerpo, como si negase lo mucho que comer algo rico cuando se tiene hambre, mejora y afecta el estado de ánimo.

Pocas cosas disipan los miedos como el conocimiento y ciertamente existe ciencia alrededor de las funciones de la mente y aquello que las afecta, por lo que obtener información de buenas fuentes, puede ser el mejor camino a ordenarlas y optimizarlas. Mi psicoactividad puede requerir que la perciba lo suficientemente mi propiedad como para desear ordenarla.