Estar Feliz

Conjugada como estar y no solo como ser, la felicidad no queda remitida a un producto obtenido sino a un proceso permanente y es probable que al mirar lo involucrado del cerebro en el asunto, observemos que lo sustancial trata de los procesos mentales y sus elementos químicos frente a la actividad vital de todo el organismo; para la cual, requiere de gestionar y administrar la voluntad y sus recursos con los más primitivos reflejos, como son las emociones; las conductas hacia el bienestar del entorno y las relaciones con los demás, como ocurre con los sentimientos y el estado mismo del alma, literalmente hablando, el estado de ánimo.

Conocidos de la ciencia, como la Serotonina, la Adrenalina y la Dopamina circulan por el tejido cerebral comunicando funciones y de las modificaciones de sus concentraciones sabemos que se modifican también los estados de ánimo. Un apartado especial nos va a requerir hablar sobre la Depresión, el Trastorno bipolar y el Duelo; problemas clínicos que atendemos a diario y que manifestados por un cambio notorio en el estado anímico, comprendido además como intensidad en la atención, memoria y planificación; y no solo como tristeza, pueden beneficiarse de asistencia y alivio.

Desde siempre, los componentes del entorno han contribuido a la gestión del afecto en los humanos y que hoy existan en el mercado antidepresivos, ansiolíticos y estabilizadores del ánimo es solo un indicador del ingenio y paciencia de la ciencia para encontrar los principios activos y sustratos en la naturaleza y ponerlos al alcance de un uso eficiente y seguro. Recientemente el CBD, como fracción del cannabis, cuyo efecto se conoce ampliamente como modulador de la intensidad perceptiva, viene tomando impulso como herramienta terapéutica, no tanto por novedoso sino porque el conocimiento está destinado a vencer el miedo y el prejuicio. Una historia muy frecuente para todas las herramientas de la psicoactividad.

Que los demás estén felices la mayor parte del tiempo puede ser en el mejor de los extremos un valioso deseo y en el otro, la justificación de imponer felicidad en maneras que le son ajenas y juzgarle por la forma en que se la procura, cuando a partir de la libertad entendida ampliamente como responsabilidad, la felicidad es una construcción personal, que dadas las muchas variables del entorno que la afectan, buscará de manera incesante, el mejor balance psicoactivo posible.

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