Lo complejo de mirar al cerebro como base de la psicoactividad humana, es que justamente se observa al órgano con el mismo órgano, lo que requiere una especie de abstracción que separe lo subjetivo o percibido por cada uno, de lo aplicable a lo general, es decir a los demás. Entonces hablar del cerebro es hablar de un modelo que aplica a todos sin ser especialmente de nadie.
Compuesto de innumerables conexiones agrupadas por sistemas, su entramado no impide observar en sus partes el paso de la evolución, que ha dejado como relatamos al hablar del “Edificio Nervioso” una construcción similar a una edificación donde la base, primitiva y compuesta por funciones reflejas y alejadas de la voluntad va progresando hacia la corteza cerebral, la parte más superior, donde ocurren actividades que ordenan lo voluntario, aquello de lo que se pretende tener más control.
Toda esta red de tejido usa un sistema de llaves y cerraduras para comunicarse. Las llaves son sustancias transmisoras y las cerraduras receptores que a manera de de-codificador, interpretan el contacto con las sustancias transmisoras como una orden a ejecutarse.
Asociamos como ejemplo, la Adrenalina con la excitación del tejido y la activación de alarmas. La serotonina en cambio influye sobre el estado de ánimo del individuo y gestiones como la planificación. La dopamina suele asociarse con respuestas de recompensa y aprendizaje, las leptinas con la gestión nutricional y el sistema cannabinoide como un sintonizador de la percepción. Y existen miles de ejemplos más, la psicoactividad es compleja como fascinante.
La ciencia base de la medicina psiquiátrica y también de todo estudio serio de la psicoactividad se llama Psicopatología y se encarga de investigar y clasificar las actividades del cerebro justamente intentando cuantificarlas y cualificarlas de un modo quizá algo mecánico en comparación con la filosofía por ejemplo, pero mucho más práctico para las ciencias que se dedican a la salud.
Construye escalas para evaluar el estado de conciencia de una persona, un dato útil en la atención de urgencias, intenta medir el nivel de atención y concentración de un individuo, gracias a lo cual se construyen programas académicos. Evalúa la percepción y todos los cambios que puede presentar, los correspondientes a enfermedades y aquellos inducidos también. Su suma final, la capacidad de juicio individual, es también el indicador principal de la psicoactividad.
La cuestión de todas estas funciones cerebrales es que no pueden sostener un equilibrio intacto y estático, dado que fluctúan de manera permanente al relacionarse con el entorno. Entonces su bienestar, no es el resultado de la carga quieta de sus partes, sino del adecuado movimiento de sus concentraciones.
El conocimiento resultado del estudio del cerebro y su psicoactividad, va dejando muchas herramientas para tratarla cuando enfrenta problemas y conocerla cuando desarrolla sus hábitos. Hoy estas herramientas incluyen medicamentos que calman el dolor, mejoran la concentración, regulan el apetito, calman la ansiedad, ayudan a dormir mejor o a estar más alerta cuando se lo requiere, haciendo como nunca antes, más accesible un correcto balance psicoactivo.
